La transparencia en la comunicación

Paradójicamente, no es fácil que el fenómeno de la comunicación, como condición de todos los fenómenos, se concrete en la actualidad. Si bien, antes el libre intercambio de perspectivas era una condición generadora del mundo; la decadencia casi total de ideales, de valores, de nociones religadoras de lo social, ha traído como consecuencia, un enviciamiento del sentido por el cual se interrelacionan los seres humanos.

No existe proceso alguno de las sociedades contemporáneas que no esté colmado de incertidumbre o determinado en su manifestación por equívocos y trabas. Y así, existir en nuestros días tiene más que ver con persistir, y vivir con sobrevivir.

De tal suerte que, cualquier tentativa por manejarse con, o fomentar la transparencia en los asuntos que regulan las instituciones, es una tarea que tiene una relevancia que rebasa lo meramente circunstancial: afecta positivamente, incluso a nivel ontológico.

Porque si bien solo en la palabra compartida el ser se acrisola, el hecho de poder transmitir mensajes claros, de generar comunicaciones diáfanas, de no alterar cualquier tipo de acuerdo si no es menester, beneficia en mucho, e incluso promueve, una experiencia de mundo más plena y pura.

No existe ámbito de la actividad humana que se encuentre ajeno a esta situación. Por ejemplo, la publicidad online, comparada con la que tiene lugar en otros medios de comunicación, se desarrolla con una posibilidad de transparencia más factible.

La televisión, la radio o la prensa en papel, están demasiado determinados por la injerencia del sistema y su necesidad de perpetuación.

Los negocios publicitarios efectuados en ellos, tienen que seguir determinadas reglas e imposiciones, consecuencia de las feroces luchas de intereses, que se generan en su trasfondo.

En la red no sucede tal: el territorio aún es noble, y fructífero, si se le explora y aprovecha con la asesoría necesaria.

La transparencia es una clave para conducirse en el mundo actual: debemos acudir con quien la transmita y genere, no solo para tener éxito en cualquier empresa que se pretenda, sino también para depurar, en a medida de lo posible, la manera en la que se va entreverando paulatinamente el tejido de lo social, esto es, la auténtica base de toda moral.

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